Nairbis Sibrian
nairbiss@gmail.com
Es común escuchar por parte del victimario, cuando se encuentra en desventaja, pedir comprensión a quien otrora fuera su víctima. Es usual que el torturador, posteriormente, exija a los torturados respetar las leyes y es típico que estos últimos cuando se trata de hacer justicia sean benevolentes. Sin embargo, los tiranos no vacilan cuando pueden ejercer el poder, no están considerando derechos, incluso, a muertes inocentes les llaman daños colaterales y después suelen argumentar sus actos bajo la excusa de la pacificación.
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Es común escuchar por parte del victimario, cuando se encuentra en desventaja, pedir comprensión a quien otrora fuera su víctima. Es usual que el torturador, posteriormente, exija a los torturados respetar las leyes y es típico que estos últimos cuando se trata de hacer justicia sean benevolentes. Sin embargo, los tiranos no vacilan cuando pueden ejercer el poder, no están considerando derechos, incluso, a muertes inocentes les llaman daños colaterales y después suelen argumentar sus actos bajo la excusa de la pacificación.
Tal formato ha sido aplicado a numerosas situaciones. Sin ir muy lejos, Chile siempre es un ejemplo propicio para evidenciar una derecha recalcitrante y una izquierda bondadosa. Meses antes del golpe de estado del año 73 contra el gobierno de Salvador Allende, vemos a una oposición intransigente y apátrida capaz de hacer los peores daños a la nación en materia económica, política y cultural mientras el gobierno de izquierda de la Unidad Popular respetaba derechos y se enmarcaba en lo constitucional para llevar a cabo su programa.[1] Mientras la derecha recibía dinero del extranjero para preparar a sus grupos de choque que pronto generarían la violencia necesaria para justificar el golpe militar, la izquierda insistía en acatar la decisión del parlamento, resistir el bloqueo económico del extranjero y hasta soportar la destitución de más de 15 ministros en una semana por órdenes de la cámara de diputados y senadores, todo esto, sin levantar ni un fusil.
En otras palabras, era un gobierno atado de pies y mano que seguía creyendo en la democracia, la paz y el hilo constitucional con una oposición (iglesia, empresarios, altos mandos militares) que jugaba el juego contrario, armaba a sus hombres, los preparaba en el extranjero, compraba funcionarios e imponía decisiones disfrazadas de acuerdos. Las expropiaciones, los decretos, las reformas que Allende pretendía realizar eran constantemente rechazadas por las cúpulas parlamentarias, ni siquiera pudo aumentar el sueldo a sus trabajadores como lo había pretendido. Resumiendo, este presidente no podía gobernar y aún así se negó a armar al pueblo, entre otras cosas, porque creía en el derecho, las instituciones y la posibilidad de llevar a cabo un proceso de cambio pacífico. Algo similar sucedió los primeros años del Gobierno Bolivariano en Venezuela pero que astutamente se pudo enfrentar, las similitudes y diferencias de ambos golpes así como sus desenlaces son materia para otro trabajo.
Lo que sí es oportuno señalar es que actualmente no se puede repetir la situación chilena del 73 donde un pueblo fue a batallar desarmado y es preciso entender que la paz no será posible mientras, modernamente, ésta signifique sumisión. Mientras la pacificación anule la libertad e implique dejar al mundo tal y como está entonces ésta sólo existirá como posibilidad una vez que se libren miles de batallas.
Desde hace tiempo, la paz se ha convertido en la obediencia ante el poder instituido, la legitimación del orden existente y la anestesia de las sociedades en tanto que el ejercicio revolucionario muchas veces ha sido tildado de “incivilización”. Se llama terrorista al que combate la violencia silenciosa del capitalismo, pero a este sistema que deja sin pan ni casa a millones de personas se le llama naturaleza humana.
Por qué no preguntar si a caso no es terror lo que imparten ejércitos norteamericanos en el medio oriente o no es muerte lo que deja a su paso el Plan Colombia, no es violencia las condiciones de vida en Haití, no es terrorismo el bloqueo a Cuba, no es inhumanidad las condiciones laborales de los temporeros en toda Latinoamérica, es decir, ¿no es una masacre el estado actual de las cosas?
Con qué derecho vienen, unos cuantos, a calificar de terrorismo las acciones de grupos armados insurgentes que resisten ante los embates del capitalismo en todo el mundo. Con qué moral vienen a exigir respeto a los derechos humanos y llamar tiranía a gobiernos heroicos como el de Cuba, donde la disidencia tiene que suicidarse para poder tener una baja. Lamentablemente, el enemigo no es tonto y el sentido común es cómodo, pues, resulta más fácil quedarse tranquilo en la calidez de una casa pensando que el conflicto es de otros.
Sin embargo, si uno se dedica a estudiar mínimamente la cuestión sabe que el enfrentamiento es inminente, que el derecho moderno es pura violencia desde el momento en el cual es creado por y para los más fuertes[2] y que ante él no sirve sino otra respuesta similar: la fuerza de los pueblos que resisten en sus trincheras, pero que más temprano que tarde deben levantarse.
El pensamiento revolucionario es aquel que va al límite y gravita por fuera de lo establecido, imagina lo imposible y lo hace realidad, entiende la lucha de clases como necesaria para poder destruir las jerarquías y dar paso a otro tipo de organización y, en este sentido, no puede ceder ante el coqueteo de la falsa paz moderna.
No se niega la posibilidad de que los procesos de cambio sean pacíficos, claramente, es algo muy difícil que, no obstante, sigue siendo un reto contemporáneo; pero sépase que la derecha reaccionaria, que el capitalismo puro de esta época del mundo, no dudará en cortar la cabeza de aquel que ose rozar mínimamente sus intereses, ante ello no hay otro camino que estar preparados, ante ello no hay otro camino que escoger cualesquiera de las armas y ubicarse en alguna trinchera.
No se niega la posibilidad de que los procesos de cambio sean pacíficos, claramente, es algo muy difícil que, no obstante, sigue siendo un reto contemporáneo; pero sépase que la derecha reaccionaria, que el capitalismo puro de esta época del mundo, no dudará en cortar la cabeza de aquel que ose rozar mínimamente sus intereses, ante ello no hay otro camino que estar preparados, ante ello no hay otro camino que escoger cualesquiera de las armas y ubicarse en alguna trinchera.
[1] Véase documental la Batalla de Chile de Patricio Guzmán (1977)
Foto publicada en Tragicomic con etiquetas Comic, Cultura, Guerra, Historia,Humor, Paz, Política, Reflexiones, Tragicomic, Viñeta el 24 Marzo 2009 por La historia del dia
Kalvellido

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