En
defensa de quienes son acusados de
“delincuentes”, por los aparatos ideológicos del Estado o por
los profetas políticos de miradas tradicionales, simplistas y
análisis sociales con criterios cortos.
Carlos
Rivas.
Nos
daría tristeza admitir, que estamos pegados al televisor, esperando
que algún funcionario público o comunicador cualquiera, emita un
comentario que no compartimos para salir corriendo a escribir en
contra del “error incongruente”, que limita el avance en la
construcción de la sociedad socialista. Sería una suerte de
iluminismo izquierdista, que en términos reales tampoco sirve de
mucho, además de ser repugnante. No obstante, lo que ha venido
ocurriendo desde la tarde del 8 de septiembre en el canal del Estado
VTV, con la transmisión de diferentes entrevistas a algunos
funcionarios de las fuerzas de seguridad, y las discusiones que en
torno al tema, desarrolló el conductor de “La Hojilla”, en el
programa realizado en la misma fecha en horas de la noche, me parece
que hay que mirarlo con ojo crítico, y volver sobre el tema cuantas
veces sea necesario, con el objetivo de “re-semantizar”, por lo
menos, el discurso revolucionario en cuanto a las políticas públicas
de seguridad ciudadana.
Claro
que en última instancia la propuesta tiende a que las acciones
revolucionarias, sean cónsonas con el discurso revolucionario, de
otra manera estaríamos dando vueltas en los dispositivos de control
construidos por el “Capital”, para controlar y mantener el orden
liberal, en el que se benefician únicamente los dueños de la
propiedad privada y de los medios de producción.
Los
altos índices de criminalidad en el país, han alcanzado cifras
preocupantes, no obstante, sería un absurdo decir que estos números
se comparan con distintas zonas del globo en las que se desarrollan
conflictos bélicos, es por ello que el gobierno Bolivariano se ha
dado a la tarea de desplegar el “Plan Bicentenario de seguridad
ciudadana”, que de alguna manera permita a los ciudadanos de
nuestro país transitar con seguridad por
los espacios públicos del territorio. Pero una política pública,
por contingente que sea, no puede perder de vista los planteamientos
expresados en el Proyecto Nacional Simón Bolívar (2007-2013), que
al final de cuentas es uno de los instrumentos que permitirán dar
saltos cuanti-cualitativos, para alcanzar la sociedad socialista por
la que tanto hemos luchado.
En
ese sentido, no podemos dejar de lado las formas discursivas y
prácticas con las que se están abordando las problemáticas
atingentes a la inseguridad en el país. Entonces, ¿Quién define
quienes son los delincuentes? Posiblemente, la respuesta más rápida
y perezosa, sea atribuir la responsabilidad de éste tipo de
definiciones a las leyes, liberales por demás, que prácticamente
nos señalan a todos como “delincuentes”, mientras los que roban
el producto del trabajo de las grandes mayorías, se apoyan en éstas
para “seguir contribuyendo con el desarrollo del país”.
“Delincuente”
puede ser, el que evade impuestos, el que compra artículos robados,
el contrabandista, el narcotraficante, el consumidor de
estupefacientes, los que malversan fondos del Estado, los que se
prestan para esas malversaciones, los que se burlan del pueblo
manejando al partido como si fuera un hato, los conspiradores, los
cómplices, los que usurpan la propiedad privada (los dueños de
ellas no, por si acaso), los que roban bancos (los que fundan bancos
no), los que se roban un kilo de papá, y paremos de contar; peor
aun, son potencialmente “delincuentes” y por ello tratados como
tales, los que no trabajan, los que no estudian, los que estudian,
los que trabajan, los que protestan, los que toman licor, los que
andan en moto, los que andan a pie, los pobres. Debemos admitir que
vivimos en una sociedad que criminaliza (la protesta y la pobreza),
mira al otro con desden, mantiene el statu
quo, el orden social, controlada en
todo sentido (panóptico), pero que no termina de estudiar
profundamente cuales serían los planteamientos a ejecutar para
cambiar el modelo liberal de “orden y progreso”. No se trata de
hacer un análisis infantil o romántico, por el contrario pensar en
estas cuestiones, sería una de las responsabilidades de quienes en
más de una vez hemos dicho que es necesario cambiar el mundo, en
términos reales y en un sentido amplio.
No
podemos por ende, utilizar el mecanismo de “eliminación de clase”
del que el Liberalismo económico se ha valido para atacar una
problemática que afecta nuestra sociedad. Debemos definir
claramente, lo que es un “delincuente” y con ello darle una
orientación de perspectiva histórica, sociológica, humana,
psíquica, es decir abordar la problemática desde un ámbito
interdisciplinario, buscando la raíz del problema, y no apuntando
con el dedo, simplificando la problemática y homogeneizando a
quienes infringen las leyes del orden establecido. Deberíamos
preguntarnos por lo menos, si esos sujetos, a los que acusamos de
“delincuentes” son un producto social de un sistema de
acumulación históricamente dominante e impuesto a la fuerza,
valiéndose además de los aparatos represivos e ideológicos del
Estado. No sería justo, que en nombre del socialismo se recurra de
nuevo a la represión tradicional de la fuerza pública, sin ningún
tipo de esfuerzo por buscar otras formas, más cónsonas con la
filosofía a la que apostamos, a la solución de ésta problemática.
Foucault,
por ejemplo asegura en La vida de los
Hombres Infames que: El
objetivo de la prisión-corrección, de la cárcel como medio para
reformar al individuo, no se ha conseguido; se ha producido más bien
el efecto inverso y la cárcel ha servido sobre todo para
intensificar los comportamientos delictivos (p. 148),
poniendo de ésta manera sobre la mesa un debate que desde el siglo
XIX se ha venido desarrollando, y al que hay que volver los ojos y la
artillería de pensamiento si queremos de verdad construir una
sociedad mejor.
Señalaba
a su vez cuatro elementos, que a su juicio
vendrían a constatar el fracaso definitivo de esta forma de
castigar, en primer lugar señalaba que: 1.
La prisión impide al poder judicial controlar y verificar la
aplicación de las penas. La ley no penetra en las cárceles, decía
Decazes en 1818; cuestión que
corrobora que desde hace siglos se viene cuestionando ésta forma de
“impartir justicia”; segundo planteaba:
2. La prisión, al mezclar a los condenados unos con otros, que eran
diferentes y estaban aislados, contribuye a crear una comunidad
homogénea de criminales que se solidarizan en el encierro y
continúan siendo solidarios en el exterior. La prisión fabrica un
verdadero ejército de enemigos interiores;
fracasando de esta manera en su afán de regenerar a un sector de la
sociedad que infringe la ley; tercero afirmaba, 3.
La prisión, al proporcionar a los condenados un abrigo,
alimentación, vestidos y muchas veces trabajo, les procura unas
condiciones preferibles muchas veces a las de los obreros. Así pues
no sólo constituye un electo de discusión sino que es un reclamo
para la delincuencia, con esto se
evidencia el peso que asume el Estado en esta materia; por último
sentencia que, 4. De la prisión salen
personas marcadas por malos hábitos y por la infamia, que los aboca
definitivamente a la criminalidad (p. 39), no
haciéndolas viables como órganos reformadores, pero en definitiva,
se ve claramente que no puede ser una política pública coherente,
la construcción de más prisiones, la resolución de ésta
problemática estaría dada entonces, por ser abordada desde otros
puntos de vista, con cuestiones que apunten al rescate y recuperación
de quienes en su gran mayoría son sujetos-producto de una sociedad
corrompida, hipócrita y que reconoce el orden social liberal como
única forma de organización social.
Las
leyes deben servir para hacer que las personas se reconozcan como
sujetos de derecho, que viven un proceso de cambio filosófico,
político, económico y cultural, en consecuencia no puede
reproducirse el mensaje, que el destino del “delincuente” sea la
cárcel o la muerte, por que lo que nos
diferencia a los socialistas-comunistas de otras corrientes
ideológicas de derecha, es que respetamos las libertades y la vida,
y que reconocemos que existen posibilidades de mirar como humanos (y
sujetos políticos) a muchos de los que irresponsablemente se señalan
hoy como “delincuentes”. Muchos esperan por una mano amiga, no
todos somos delincuentes.
carlos_rivas_45@hotmail.com
1 comentarios:
No sé cuándo Focault dijo que el sistema actual de cárceles no funciona. Pero esa situación ha comenzado a cambiar.
La gente de CRIMINON, logra rehabilitaciones en cerca del 84% de los casos. Los presos salen a tener vidas decentes, dignas y sin hacer nada fuera de la ley o en contra de otras personas.
El Mundo cambia aprisa, hay que actualizarse. Y ya que tenemos una solución, hacer que rápidamente entre en uso masivo en todas las cárceles del mundo.
Gracias a los filósofos y pioneros que viendo algo malo, pusieron manos a la obra para lograr algo bueno.
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