Los que mueren por la vida no
pueden llamarse muertos (Alí Primera).
Por: Carlos Rivas*
El viernes 22 de Octubre
asesinaron a traición a Jacobo y a Héctor (casiloco), por la espalda y
cobardemente, en las inmediaciones de las residencias estudiantiles Domingo
Salazar, la hipótesis es que nadie sabe y “no hay” (pero si hay) responsables,
dos camaradas que no pactaron y que confrontaban con seriedad las instituciones
burguesas del Estado Venezolano, luchando además contra la exquisitez escolástica
de nuestra Ilustremente aburguesada Universidad de Los Andes.
Por esta razón, lo siguiente pudiera
ser una reflexión que se perfilara a interpretar la situación política en la
que se encuentra inmerso el proceso político Bolivariano; también pudiera ser
un análisis “ecuánime”, que permitiera avanzar “estratégicamente” en medio de
las coyunturas que se presentan; o podría ser incluso una carta en la que
describimos e intentamos expresar el ánimo de indignación que se vive en los
rostros de miles de militantes revolucionarios de la querida Mérida, siempre
luchadora e históricamente combativa. Pero no! Es imposible hacer eso, hoy lo
que nos embarga, y creo no equivocarme, es una profunda arrechera colectiva,
por vernos dentro de una dinámica política confusa, que clama por revoluciones,
pero que desaparece a los revolucionarios. Es confuso el discurso
revolucionario cauteloso (de reformistas Berstenianos), de aquellos mesurados
que siempre dicen que hay que entender el momento que estamos viviendo, que
esto es un proceso, y que no hay que perder la perspectiva (del pacto y de la traición,
por su puesto), que la confrontación clasista es algo ya obsoleto, y que por el
contrario hay que renunciar al materialismo dialéctico, por ser parte de esos
ladrillos vacios, que sin comprender, desechamos a priori, abrazando sin darnos cuenta (en pocas
ocasiones, las más de las veces hay conciencia de lo que se hace), las banderas
de un liberalismo democrático, que consolida y fortalece sus instituciones en
un país que aspira a construir el socialismo sin romper las “reglas de juego”
que mantienen y reproducen la lógica del capital.
“La vida no vale nada”, cantaba
Pablo Milanés; “ni olvido ni perdón” dicen los militantes argentinos y chilenos
para mantener la memoria viva, ante el olvido colectivo de las atrocidades
cometidas por las dictaduras militares de esos países; “nunca más” se escucha
en las marchas de la Argentina que salta y canta para que no vuelvan a
desaparecer a su pueblo; “no volverán” se vitorea en la Venezuela Bolivariana
de la V República. En ese sentido, de qué vale que no vuelvan, y que se
mantenga la lógica del capital y sus instituciones burguesas, de que vale que
no vuelvan, si matan a mansalva a militantes revolucionarios, sin saber quién
lo hizo, porque al igual que en los vilipendiados años de la cuarta, aquí
tampoco hay responsables. De que vale que no vuelvan, si se criminaliza la
protesta social, encarcelando hasta a los dirigentes indígenas, como el caso de
Sabino Romero, sin dejar de lado la persecución a dirigentes obreros y la
cantidad de líderes campesinos asesinados por “no sabemos quién”. De que vale
que no vuelvan, si parece que nunca se han ido, y causan repulsión cuando se
vanaglorian de implementar “exitosas” políticas públicas de seguridad ciudadana
sin valores humanos (digamos mejor, socialistas), que aseguran tajantemente que
el futuro de un delincuente es la cárcel o la muerte, homogeneizando y
simplificando el problema.
Queremos dejar de vivir en un
país en el que no hay responsables, queremos vivir y construir una nueva
sociedad posible y necesaria, pero lo que no estamos dispuestos es a seguir
poniendo los muertos. Cada militante revolucionario vale oro, como oro vale la
vida de todo lo que ocupa nuestro mundo. Por eso considero fundamental
aglutinarnos en colectivos que defiendan la vida misma, ante quienes desprecian
a todo lo que pone en riesgo sus formas de acumulación de capital.
Ya es hora de aceptar que éste
Estado no nos sirve. Necesitamos construir otro, que se distancie profundamente
del ordenamiento liberal imperante, y que abra espacios definitivos al poder
popular colectivo y autónomo.
A las 12:00 am del día 25 de
Octubre se tiene previsto militarizar la ciudad de Mérida, las actividades
universitarias se suspendieron para el día lunes, pero la voz de miles, estarán poniendo al frente su dignidad, para gritar
otro “Nunca más”, y para comenzar a fundar las bases de una revolución de los
excluidos, que respete la vida y de al traste definitivo con las instituciones
que sostienen la lógica asesina del capital.
Vamos a gritar, saltar, cantar,
vamos a pedir justicia. Vamos a hacer la revolución.
*Habitante de la Ciudad de
Mérida, sin otro titulo que un militante que siente que a esto hay que ponerle
coto definitivo.
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